Ninguna transformación de esta magnitud se sostiene únicamente desde la tecnología. También necesita confianza y que el sistema seguirá siendo seguro y estable.

Cuando hablamos de transición energética, muchas veces pensamos en grandes proyectos, paneles solares, parques eólicos o baterías. Pero pocas veces hablamos de algo igual de importante: cómo viven las personas esa transformación en su entorno natural y desde la perspectiva de sus comunidades.
Porque este proceso no ocurre solo en centrales o líneas de transmisión. También ocurre en comunidades que ven cambiar su contexto, en trabajadores que deben adaptarse a nuevas tecnologías y en familias que esperan que el desarrollo energético también traiga oportunidades y bienestar para sus territorios.
Chile ha avanzado de manera muy significativa en los últimos años. La incorporación de energías renovables ha permitido transformar nuestra matriz eléctrica a una velocidad inédita y posicionar al país como referente regional en descarbonización. Solo en 2025, ENGIE Chile incorporó 468 MW de nueva capacidad en energías renovables y almacenamiento, mientras avanzaba en la desconexión y reconversión de 1,1 GW de capacidad a carbón.
Pero ese avance también ha dejado una lección importante: ninguna transformación de esta magnitud se sostiene únicamente desde la tecnología. También necesita confianza. Confianza en que el sistema seguirá siendo seguro y estable, y en que el desarrollo energético puede convivir con las necesidades de los territorios y aportar al bienestar de las personas en armonía con la naturaleza. Y esa legitimidad social no se construye desde una oficina. Se construye escuchando, dialogando y entendiendo que detrás de cada proyecto existen distintas expectativas sobre cómo queremos desarrollarnos como país.
En ENGIE Chile hemos aprendido que avanzar hacia una matriz más limpia implica mucho más que incorporar energías renovables o almacenamiento. También significa construir relaciones de largo plazo, generar espacios de colaboración y asumir que la sostenibilidad debe formar parte de cada decisión. Por eso, junto con avanzar en descarbonización e infraestructura energética, durante 2025 impulsamos más de 350 iniciativas sociales en 33 comunas del país, con programas orientados a formación, desarrollo local y fortalecimiento comunitario. Porque entendemos que una transición energética sostenible también necesita ser cercana.
Chile tiene hoy la oportunidad de consolidar un modelo de desarrollo capaz de combinar competitividad, seguridad energética y sostenibilidad. Pero para lograrlo, necesitamos mirar este proceso de manera más amplia y entender que la transición energética no se mide solo por la capacidad instalada o por la velocidad del cambio tecnológico.
También se mide por nuestra capacidad de construir acuerdos, escuchar a las personas y avanzar juntos hacia un futuro más sostenible. Porque la energía del futuro no solo se genera. También se construye entre todos.
Melanie Wilneder, Country Chief Sustainability Officer y Head of ESG de ENGIE Chile






