Chile tiene hoy la oportunidad de demostrar que es posible descarbonizar con responsabilidad, gobernando el cambio desde la operación real y construyendo, un sistema energético más competitivo, limpio y seguro.

La operación real: el terreno donde se define la transformación energética
La noche del 31 de diciembre de 2025, mientras Chile se preparaba para recibir un nuevo año, en Mejillones se cerraba una etapa relevante de nuestra historia energética a través de la desconexión de dos unidades a carbón del complejo térmico. Esto no fue solo un hito operativo ni un gesto simbólico, fue una señal clara de que la transición energética dejó de ser una promesa formulada en planes y anuncios, y comenzó a definirse en el terreno más exigente de todos: la operación real de un sistema que no puede detenerse.
El desafío energético que enfrenta hoy el país es más profundo que una suma de proyectos o compromisos ambientales. Se trata de transformar la matriz sin comprometer la seguridad de suministro, la competitividad ni el desarrollo de los territorios. La pregunta ya no es si avanzar hacia una matriz más limpia, sino cómo hacerlo con realismo, coordinación institucional y una mirada sistémica que asuma que el sistema debe seguir funcionando mientras se transforma.
Hace menos de una década, el desafío era incorporar las primeras energías renovables. Hoy, el reto es gestionarlas con flexibilidad y seguridad, porque ya ocupan un lugar central en la operación eléctrica. Este cambio de etapa es decisivo: la transición energética no es solo un cambio de fuente, es un cambio de lógica. Pasamos de esquemas rígidos a sistemas que deben responder a la variabilidad, anticiparse a la demanda y sostener la estabilidad en tiempo real.
En ese contexto, conceptos como almacenamiento, transmisión y reconversión de infraestructura dejaron de ser complementarios y pasaron al centro del debate energético. Sin flexibilidad no hay estabilidad, y sin estabilidad no hay transición posible. La reconversión de infraestructura existente se ha convertido en una herramienta estratégica: aprovechar activos construidos durante décadas para darles una nueva función al servicio de una matriz más limpia, resiliente y segura.
El proyecto BESS Lile, emplazado en el Complejo Térmico de Mejillones, responde precisamente a esa lógica. No se trata solo de sumar almacenamiento, sino de reutilizar infraestructura clave (terrenos, líneas, subestaciones y accesos) para fortalecer el Sistema Eléctrico Nacional, optimizar recursos y acelerar soluciones que la operación eléctrica requiere hoy, no en un horizonte lejano.
En esa misma línea, la reciente entrada en operación comercial de BESS Tocopilla marca un nuevo paso en esta transformación. Con 116 MW y 660 MWh de capacidad instalada, el sistema, emplazado en el ex Complejo Térmico de Tocopilla -ahora Complejo Energético de Tocopilla- quedó formalmente habilitado para operar en el mercado eléctrico, entregando energía y servicios de flexibilidad al Sistema
Eléctrico Nacional. Este hito no solo consolida la reconversión de un sitio históricamente asociado al carbón, sino que demuestra que la descarbonización se sostiene en soluciones concretas que aportan estabilidad, desplazan generación térmica en horas punta y fortalecen la seguridad de suministro en un sistema con alta penetración renovable.
Este enfoque ha comenzado a ser observado también a nivel internacional. En 2025, la prestigiosa revista The Economist destacó el caso chileno como ejemplo de reconversión energética, utilizando como referencia concreta el proyecto BESS Tamaya de ENGIE Chile: una ex central diésel que hoy alberga una planta solar y un sistema de almacenamiento en baterías. La publicación subrayó cómo esta estrategia reduce barreras técnicas, reutiliza conexiones a la red y da una segunda vida a instalaciones que siguen siendo relevantes tanto para los territorios como para la seguridad del suministro.
Mirando hacia adelante, el desafío no está en celebrar hitos, sino en sostener el rumbo. La transición energética no se decreta ni se resuelve con anuncios aislados. Requiere inversión, planificación de largo plazo, diálogo con todos los incumbentes y reglas que evolucionen al ritmo de la tecnología. Chile tiene hoy la oportunidad de demostrar que es posible descarbonizar con responsabilidad, gobernando el cambio desde la operación real y construyendo, paso a paso, un sistema energético más competitivo, limpio, seguro y preparado en virtud del propósito del desarrollo del país en las próximas décadas.
Juan Villavicencio, CEO de ENGIE Chile.





