
Cuando hablamos de gobierno corporativo, el concepto puede parecer lejano. Pensamos en directorios, comités y mecanismos de control. Sin embargo, también puede entenderse de una manera más simple: es la forma en que una empresa toma decisiones, identifica riesgos y se hace responsable de sus acciones. No evita que una organización se equivoque, pero sí ayuda a anticipar alertas, gestionar adecuadamente los riesgos y corregir a tiempo aquello que no está funcionando.
Esta mirada resulta especialmente relevante para una empresa como ENGIE que aspira a ser un líder y referente de la transformación profunda que atraviesa el sector energético. En pocos años hemos ido avanzando en el cierre de nuestros activos de generación a carbón, incorporado nuevas tecnologías, desarrollado proyectos renovables y establecido relaciones con nuevos proveedores, territorios y comunidades. Ese cambio no puede limitarse únicamente a la infraestructura. También exige revisar la manera en que evaluamos riesgos y adoptamos decisiones de largo plazo. En este contexto, la gobernanza no solo cumple una función de control y cumplimiento normativo, sino que se convierte en una herramienta clave para gestionar transformaciones complejas, anticipar desafíos y establecer lineamientos y principios que permiten generar la confianza necesaria para avanzar de manera sostenible.
Y la confianza importa. No solo influye en la reputación de una organización, sino también en su capacidad para atraer inversiones, generar alianzas de largo plazo y relacionarse adecuadamente con trabajadores, proveedores, clientes, comunidades y autoridades. En un entorno cada vez más exigente, dentro de un contexto mundial incierto y cambiante las empresas son evaluadas no solo por los resultados que obtienen, sino también por la manera en que los alcanzan.
Precisamente por ello, contar con una estructura de gobierno corporativo robusta y eficaz se vuelve fundamental. Ya no basta con disponer de un manual, una matriz de riesgos o un encargado de cumplimiento meramente formal. Se requiere una gobernanza capaz de responder a los desafíos actuales y, muchas veces, de anticiparse a ellos, yendo incluso más allá de las exigencias regulatorias.
Un estudio realizado por AmCham Chile y KPMG en 2025 refuerza esta idea. Entre las 102 empresas consideradas, el 80% declaró contar con un modelo de prevención implementado formalmente. Sin embargo, un 42% señaló que no contaba, o lo hacía solo de manera parcial, con mecanismos periódicos de monitoreo interno de sus controles. La diferencia entre cumplir y gestionar eficazmente los riesgos sigue siendo una brecha relevante para muchas organizaciones.
En ENGIE Chile entendemos que la confianza se construye sobre principios claros y consistentes en el tiempo. Por ello, nuestra actuación se sustenta en cinco pilares que implementamos con profunda convicción: respeto irrestricto por los derechos humanos, tolerancia cero frente a la corrupción y el fraude; cumplimiento de las leyes y regulaciones; protección del medioambiente; e integridad en las relaciones con terceros.
Para nosotros, la ética y la integridad forman parte de nuestra licencia para operar. No son conceptos separados del negocio, sino elementos presentes en la evaluación de proyectos, la selección de proveedores, la relación con las comunidades y la toma de decisiones cotidianas.
Por ello, respondemos a obligaciones y estándares que, en algunos casos, superan los requisitos establecidos por la legislación chilena. Esto se traduce, entre otras cosas, en procesos de debida diligencia y establecimiento de requisitos de ética e integridad para proveedores, socios y contrapartes; programas de capacitación para trabajadores y contratistas; y canales de denuncia reforzados para que las personas puedan reportar inquietudes de manera segura y confidencial.
Porque detrás de cualquier incumplimiento en estas materias puede existir un impacto significativo en la confianza y la reputación de una organización. La responsabilidad, por lo tanto, es cada vez mayor. Cumplir la ley es indispensable, pero constituye solo el punto de partida. La confianza se construye cuando existe coherencia entre lo que una empresa declara y la forma en que actúa. La reputación es el resultado de esa coherencia. Y en un contexto de transición energética, crecientes expectativas sociales y mayores exigencias de transparencia, una gobernanza sólida no solo protege a las organizaciones frente a los riesgos: también fortalece su legitimidad y su capacidad de generar valor sostenible en el largo plazo.
Francisca Vásquez, Gerenta de Asuntos Legales y Ética de ENGIE Chile.

